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KALIMAN


Microrelatos: Kaliman. 
A mi papá le gustaban los gallos. Al final del día los visitaba en aquel cambuche que les construyó para su vivir en la parte de atrás de la casa. En especial había un gallo que papá amaba y lo había llamado Kaliman. Le escupía agua en el buche para que el gallo estuviera despierto para ir entrenándolo para la pelea estelar. Yo lo observaba con atención sobre todo cuando le empujaba a la fuerza a Kaliman esas pastillas de terramicina cuando amanecía con el ojo caído o con moquillo. Los acariciaba a todos y a todas, pues había unas gallinas, sin embargo a Kaliman lo mimaba. Hasta hubo días que dormía con él y la abuela regañándolo lo apartaba a empellones hacia el fondo oscuro de la cama. El día de la pelea que tanto había esperado llegó. Pero presentí algo como cuando uno piensa que no debe salir dela casa porque le va a pasar algo malo en la calle. Después de despertarme busqué a mi abuelo en su cuarto pero allí no estaba, una voz una voz adulta me decía que se lo habían llevado entre cinco vecinos cargado al hospital; pues acababa de sufrir un derrame. Pasó varios días en aquel hospital universitario hasta que dijeron que me debía poner una ropa formal para un funeral pues el viejo se había ido para siempre. Kaliman duró esos mismos días luchando con una tristeza y porque además en la preocupación de la enfermedad de papá nadie le había dado de comer y mucho menos le escupían agua en el buche para sentirse como un campeón. Lo encontré tieso en medio de un muladar de gusanos y tierra al final de su canasto al que mi abuelo había bautizado “la casa blanca”.

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